La equidad de género se celebra en el mundo, pero se practica en casa

By 19 diciembre, 2015 Sin categoría No Comments

En el año 2000 se estrenó la película “La Familia de mi Novia”, cuya historia trata de un joven enfermero quien debe cumplir el requisito para casarse, de conocer y ser aprobado por la familia de su novia. La experiencia es desastrosa y todo lo que puede salir mal, sale mal. El final, por si no la han visto, lo omitiré en este artículo. Sin embargo, traigo a colación esta película dado que, en una escena, el papá -interpretado por Robert De Niro- le está enseñando las profesiones a su primer nieto con ilustraciones de cada oficio; el punto que quiero destacar es que hace mofa de la profesión de enfermero, que viene sólo en un género: el de mujer. Aunque graciosa la escena, surge una pregunta: ¿por qué sólo mujer? ¿Por qué las profesiones como ingeniería, leyes y administración son representadas generalmente con hombres? ¿Por qué las profesiones como enfermería o la docencia de preescolar son usualmente representadas con mujeres? ¿Qué tanto este estereotipo se apega a la realidad?

El reporte más reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), “The ABC of Gender Equality in Education”, muestra un avance en cuestiones de equidad de género en los países de la OCDE. En algunas variables incluso, las mujeres han ganado un mayor terreno que los hombres. Por ejemplo, 56% de los alumnos universitarios en los países de la OCDE son mujeres y, de acuerdo al Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), las mujeres obtienen mejores resultados que los hombres al evaluar las tres áreas de conocimiento, dado que destacan más(4.5% en mujeres vs 4.2 de los hombres se ubican en el nivel de logro máximo) y reprueban menos (9.3% en mujeres vs 13.7% en hombres se ubican en el nivel de menor desempeño).

En México, las mujeres en promedio estudian más grados y obtienen mejores resultados. Mientras que, a nivel nacional y según los datos del INEE, 33 de cada cien estudiantes que se matriculan en 1º de primaria llegarán al tercer año de bachillerato en tiempo y forma, el porcentaje de las mujeres es de 37%, muy superior comparado con el 30% de los hombres que lo logran (Gráfica 1). Además, las mujeres se encuentran 4.2 puntos porcentuales por debajo de los hombres, en la composición del bloque de estudiantes en niveles de insuficiencia en las tres áreas evaluadas en PISA; es decir, es menos probable que una mujer repruebe en las tres áreas evaluadas. Las mujeres, además, expresan mayores expectativas de crecimiento respecto a sus pares masculinos. Por ejemplo, 63 de cada 100 niñas dijeron que esperan completar un grado universitario, en contraste con 48% de los niños que esperan lograr lo mismo; en el mismo cuestionario, un mayor porcentaje de mujeres manifestó su expectativa de trabajar como gerentes o profesionales, en comparación con los hombres.[1]

Gráfica 1. Porcentaje de alumnos que llegan en tiempo y forma a cada nivel académico, por género

Fuente: Elaboración propia con datos del INEE (2013)

Si las mujeres aprenden más, pasan más tiempo en la escuela, y tienen mayores expectativas, ¿por qué entonces su sueldo en promedio es menor al de los hombres, aún teniendo las mismas capacidades y diplomas? ¿Por qué no tenemos más científicas, ingenieras, abogadas? ¿Por qué, comparativamente, son pocas las mujeres que destacan en áreas de ciencia y tecnología? ¿Por qué en el Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT tenemos sólo 8,245 mujeres contra 15,072 hombres (CONACYT, 2015)? ¿Por qué sólo 30% de los estudiantes en licenciaturas relacionadas a ingenierías, manufactura, construcción y computación son mujeres (ANUIES, 2013)?

Este fenómeno podría deberse no a las expectativas de los estudiantes, sino de sus mismos padres. De acuerdo con la OCDE, en México 34.8% de los niños manifestó que sus padres esperan que trabajen en ocupaciones relacionadas a ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), mientras que solamente 13 de cada 100 niñas expresaron que sus padres esperan que trabajen en estas áreas.[2] La diferencia persiste aún controlando por nivel socioeconómico y desempeño académico. Es decir, no importa de cuál estrato social vengas o qué tan bien o mal te vaya en la escuela: las expectativas de los padres se mantienen intactas, con menor promoción de las niñas hacia los estudios y las profesiones STEM.

Pero no sólo las expectativas de los padres tienen un rol de inhibición y filtro, sino también las de los maestros. Recientes estudios muestran un sesgo de los maestros a favor de los hombres en matemáticas y revelan que al ser evaluadas anónimamente por sus profesores, las mujeres obtenían mejores notas académicas. [3] Es decir, a la hora de calificar a los estudiantes, el hecho de no saber el nombre (y por lo tanto, el género) del estudiante, beneficia más a las niñas que a los niños. Inconsciente pero consistentemente, algunos profesores esperan más de los niños que de las niñas, y a ellas les asignan prejuiciosamente notas menores.

Estas expectativas de los adultos pudieran afectar negativamente la autopercepción de las niñas. En México, según el cuestionario de PISA 2012, mientras que 48 de cada 100 niños manifestaron no sentirse preparados para matemáticas (en otra ocasión lo trataremos con más detalle, pero ése es un porcentaje bastante alto y predictivo del resultado), 58% de las niñas expresaron otro tanto. Esto finalmente provoca que las mismas niñas se alejen de actividades que involucren matemáticas o ciencias. Por ejemplo, de acuerdo al mismo cuestionario, casi el doble de niños participan en clubs de matemáticas (17%) comparado con el porcentaje de niñas que se involucran en este tipo de actividades (8.8%) de acuerdo a este mismo cuestionario. Y si comparamos entidades federativas, la diferencia se profundiza: una niña en Guerrero tiene el doble de probabilidad de reprobar en ciencias que un niño en el Distrito Federal.[4]

¿Qué hacemos? Debemos romper con los estereotipos de “enfermeras mujeres e ingenieros hombres”, y denunciar las asimetrías injustas de acceso, apoyo, pago y reconocimiento, tanto en los espacios escolares como en la academia y los sistemas de empleo y remuneración. Aunque en el mundo se han dado grandes avances en la equidad de género, en México todavía nos falta mucho. El cambio en las expectativas debe venir desde casa, pasar por la escuela y resguardarlo y favorecerlo en las niñas y niños. Estos cambios deben venir también acompañados por cambios en la política laboral y en los paradigmas culturales. Que los empleadores promuevan a sus trabajadores con base al mérito y no al género. Que la mujer no se vea en la encrucijada entre tener hijos o crecer laboralmente. Que el varón no se vea como un simple proveedor de casa, eludiendo las tareas de limpieza y de cuidado. Que en los círculos profesionales y académicos se reconozca por su nombre la discriminación y se destierre. En concreto, trabajemos para que las expectativas de nuestras niñas no se vean reducidas, sino alentadas para que lleguen a donde ellas quieran llegar.

 

 

[1] OCDE (2012). Cuestionario del contexto de estudiantes de PISA 2012.

[2] OCDE (2015). “The ABC of gender equality in education: aptitude, behavior, confidence”

[3] IPP (2014). “A helping hand for girls? Gender bias in marks and its effect on student progress”

Flabbi and Tejada (2014). “Gender gaps in education and labor market outcomes in the United States”

[4] OCDE (2012). Resultados de matemáticas en PISA 2012.

 

Fuente Animal Politico